¿Es que tengo que tener una razón para todo?

Cuando estaba cursando estudios de diseño, una de las partes más petardas de los ejercicios prácticos era la realización de “la memoria”. Esta memoria era “simplemente” la justificación y argumentación de los procesos y decisiones tomadas que nos llevaban al producto final presentado. Ya fuera cartelería, diseño editorial o una ilustración en blanco y negro, había que razonar al menos mínimamente qué nos había empujado hasta entregar lo que cada uno considerábamos como un ejercicio terminado.

No guardo buen recuerdo de esta parte de las tareas. Y a decir verdad, la mayoría me las debí inventar (como el 99% de mis compañeros) porque no le veía sentido práctico a estar dale que te pego a las teclas y terminar entregando medio folio de frases que ni yo mismo me creía. Pero aún así reflexioné sobre ello y supuse que justificar y dejar constancia por escrito de las motivaciones que me llevaban a elaborar una solución gráfica tenía más importancia de la que le estaba dando en aquel momento. Al fin y al cabo yo ya sabía que de artista poco me iba a ganar la vida. Yo aspiraba más a ser algo así como un obrero gráfico y un buen obrero tiene que saber lo que hace y por qué lo hace, ¿no? Supongo que os sonará lo del ingeniero y el tornillo. Pues eso.

A día de hoy llevo ya unos cuantos años escribiendo memorias para los proyectos que nos solicitan en el estudio que necesitan de mis habilidades. En realidad nadie me lo pidió pero pensé que sería lo mejor porque ganamos TODOS con esta práctica.

Gano YO

Gano yo como profesional al saber argumentar correctamente qué me ha llevado a tomar según qué decisiones, al adquirir destreza en expresión escrita y en oratoria si tengo que justificarme en una reunión y al adquirir conocimientos suficientes para defender mis diseños ante comentarios contrarios.

Gana EL ESTUDIO

Gana el estudio porque consigue un material valioso con el que justificarse ante situaciones determinadas (léase clientes indecisos, clientes que no tienen ni idea, clientes que piensan que el diseño es magia o clientes que piensan que todo se hace pulsando botones) y porque de esta manera transmite confianza y seguridad en lo que hace.

Gana EL CLIENTE

Gana el cliente porque puede entender el por qué de las cosas, resolver sus dudas y enriquecerse con ello y porque consigue un socio tecnológico que sabe de lo que habla y no vende motos. Al menos en lo mío :P

Para mí entregar un diseño sin una memoria mínima, es entregarlo en pelotas. Desnudo. A los leones sin ni siquiera un filetito de carne con el que poder distraerlos mientras intento huir. ¿O es que acaso es mentira? ¿No estaríamos entregándonos pura y básicamente al criterio estético del cliente? ¿Por qué tiene que saber que un carrito de la compra ha de estar bien visible? O ¿por qué ciencia infusa va a tener que entender de psicología de colores o de estilos tipográficos aplicados a su identidad?

Y es que además, enfrentarse a la realización de una memoria es mucho más sencillo de lo que pensaba cuando lo veía como una tarea petarda. Porque a poco que seamos mínimamente sinceros, profesionales y tengamos algo de bagaje, es sencillo saber por qué estamos usando unos colores y no otros o por qué estamos destacando unos textos en contraposición a una lista de elementos. ¿Una web a tres columnas? Si el cliente no lo ha pedido así, será porque en función de lo que hemos investigado es una solución buena, ¿no? Pues que quede constancia por escrito.

Siempre, SIEMPRE debemos “educar” al cliente ya sea más o menos experimentado. Cuanto mayor sea su experiencia dentro de este mundillo menos necesaria será la elaboración de la memoria pero no dejaremos de seguir ganando nosotros. Pero para clientes de perfil bajo o clientes que no han contado hasta el momento con un asesoramiento en condiciones, creo que es muy importante entregarles documentación.  Y en la parte visual este aspecto es más crítico aún (que ya nos vamos conociendo todos el panorama, ¿eh?). Que te plantee sus necesidades y que puedas ofrecerle una solución visual mínimamente fundamentada.

Documentar en sí mismo el aspecto visual no es que elimine por completo las situaciones en las que te tiran un diseño para atrás basándose en criterios “etéreos” pero sí que ayuda a agilizar el desarrollo de los proyectos, intentando reducir los tiempos de fase de diseño al entregar las primeras ideas bien argumentadas.

Pero ojo que no vale soltar ladrillos porque sí. Llenarse la boca con recursos estilísticos es muy bonito pero poco práctico. Las memorias de las que hablo tienen que tener la extensión mínima y necesaria. Porque ver unos JPEG y decir si es bonito o feo es una tarea relativamente rápida (mentira) pero tener que leerse un documento pues ya no suena tan bien. Basta con hablar un poco sobre aquello que consideremos importante: los porqués de los colores escogidos, el equilibrio de pesos, tipografías o la estructura de la web (si se han especificado requisitos antes de empezar el diseño es importantísimo saber enlazarlo en la memoria). Hay que ponerse siempre en la piel del cliente y su perfil.

Que esta documentación sea leída o no, ya no dependerá de nosotros. Pero yo no puedo estar más contento de haber tomado la decisión de no olvidarme de esta importante fase del proceso de diseño.